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Aprende a gestionar el entusiasmo
lunes, 31 de marzo de 2008

Salvador García

¿Por que hay tan pocos “recursos humanos” a los que  les entusiasme ir a trabajar los lunes por la mañana? ¿Qué directivo no sueña con ser capaz de entusiasmar a sus colaboradores? Por supuesto, cuanto más líder es un directivo, más sensible es al tema de los valores y del sentido del trabajo y, por lo tanto, al tema del  valor del entusiasmo, que no es más que la manifestación de dicho sentido en su plenitud. Así, el valor “entusiasmo” va más allá que el tan manido concepto de motivación e incluso del mero compromiso. La palabra deriva del griego «theós», dios, y proviene del griego «enthusiasmós», éxtasis, y de «enthusía», inspiración divina.

La gestión del entusiasmo es la creación de las condiciones organizativas para que el trabajo tenga un triple sentido utilitario-pragmático, emocional-creativo y ético-trascendente. En otras palabras: sentirse bien remunerado y reconocido, pasárselo bien y sentirse útil para los demás.

El entusiasmo no es exclusivamente un estado emocional  ni un valor: es un estado cognitivo-emocional de gran valor, tanto a nivel personal como empresarial. Cuando alguien está bien entusiasmado piensa que “esto es lo mejor que puedo estar haciendo en este momento”  y lo vive con un especial estado de alegría, de ensimismamiento (de estar dentro de sí), de flujo y de creencia de controlabilidad y de autoeficacia.

El entusiasmo es  un valor positivamente emocionante, radicalmente opuesto al desaliento,  a  la apatía, a la dejadez, a la atonía, a la impotencia, al desánimo, al cinismo, a la indiferencia, a la desconfianza, a la desvitalización, a la astenia, al cansancio, a la desmoralización, a la desmotivación, a la tristeza y al absentismo psíquico en el trabajo. En definitiva, el entusiasmo es pura vida.

Variables a “gestionar” generadoras de entusiasmo en la empresa:

  • Existencia de un liderazgo capaz de  entusiasmarse a sí mismo (el coaching ejecutivo puede ayudar)
  • Visualizar una meta audaz, que equilibre el riesgo de fracaso  con una  expectativa de éxito fuera de lo común
  • Atribuir un gran sentido al proyecto, tanto a nivel de su utilidad personal como a nivel de su aportación para los demás
  • Saber disfrutar por el camino
  • Realizar selección por valores personales : éticos, prácticos y emocionales (no sólo por títulos)
  • Ir  consiguiendo más recursos y adhesiones a medida que avanza la credibilidad del proyecto (efecto dominó)
  • Sentirse copropietario del proyecto, del proceso y de los resultados, tanto a nivel emocional como incluso literal, compartiendo riesgos y beneficios económicos
  • Compartir  valores en un clima de emoción positiva
  • Atreverse a confiar en la capacidad, la intención y la coherencia de uno mismo y de los demás miembros de la empresa
  • Libertad para  entrar en el proyecto, para trabajar en él y para poder abandonarlo si se desea
  • Sensación de descubrimiento, de aprendizaje y de dar rienda suelta a la creatividad.
  • Posibilidad de demostrar valía al límite de las posibilidades personales.

El riesgo del entusiasmo es doble: la frustración derivada de no alcanzar logros ambiciosos  y la adicción  generada por las acciones entusiastas en detrimento de otras áreas de la vida. El remedio para el primero es claro: aprender a saborear el camino. Con respecto al segundo puede apuntarse una receta: diversificar las pasiones.

Salvador García
Dpto. de Psicología Social de la Universidad de Barcelona. Miembro de Top Ten Management Spain y de Thinking Heads. Consejero de Augere.

Fuente:
www.noticias.com

 

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