El camino corporativo es largo y está lleno de curvas peligrosas. Si quieres convertirte en el jefe antes de morir en el intento no sólo necesitas habilidades sobresalientes y, posiblemente, un MBA. Lo que realmente va a impulsar tu carrera es la suma de una serie de actitudes que iluminarán tu personalidad y tus virtudes.
Lo más importante, dicen los expertos, es disfrutar lo que haces dentro y fuera de la empresa. Desde ahí es posible construir, paso a paso, una carrera brillante. ¿Cómo hacerlo? Estos consejos te ayudarán a abrirte paso y ganar terreno en la batalla por el liderazgo.
Interésate por actividades que vayan más allá de tu formación profesional. Si eres diseñador, pregúntate cuál es el modelo de negocios de la empresa. Si tu formación es la informática, aprende de los procesos productivos o de administración. Las compañías, de todos los tamaños, cada vez valoran más a los ejecutivos con habilidades múltiples. La razón es sencilla: integran soluciones desde distintos puntos de vista y están capacitados, además, para liderar equipos multidisciplinarios.
Si en los ’90 las empresas buscaban expertos en productividad, hoy las habilidades multifuncionales son un gran activo para cualquier ejecutivo. El peor error, en estos momentos, es transformarse en un experto que no mira más allá de sus fronteras de formación profesional. Esto no significa que un profesional especializado no tenga futuro, sino que cultivar un perfil “cerrado” no es hoy una actitud que te facilite convertirte en el próximo líder de tu organización.
La rápida integración de los mercados internacionales que se dio en el mundo y, sobre todo, en América Latina en la década de los ’90, obligó a las empresas a integrar a una misma estructura diferentes modelos culturales y profesionales. A esto debemos sumar la interconexión de distintas industrias –como los medios y la tecnología, o la ingeniería y la biología– que hoy se fusionan o potencian.
No es difícil ver hoy a un médico cursando un MBA –para transformarse en director de una clínica o encabezar un proyecto de salud multinacional– o a un ingeniero químico al mando de una empresa de seguros.
Consejo final: interésate en la empresa como un todo, identifica cuál es su modelo de negocios y promuévete como un profesional capaz de trabajar en ambientes multiculturales y multifuncionales. Pregunta, estudia y transfórmate en un gran observador al interior de tu organización.
Ciertamente, lo más importante es que seas un profesional que sabe lo que hace y que puede moverse a lo largo de toda la empresa (ver: “Sé multifuncional”). Sin embargo, nada de esto te servirá si no consigues que los líderes de la organización pongan sus ojos en ti.
Si por alguna razón aún no lo has logrado, existen técnicas para llamar la atención positivamente.
Consejo final: la clave está es hacerte notar sutil y elegantemente. Expone tus ideas cuando veas la oportunidad, pero no seas agresivo o te apoyes en forma explícita en el error de un compañero. Puede que ganes esa batalla, pero te harás de enemigos que pueden hacerte perder la guerra. Ser leal es el mejor consejo.
Un chiste bien contado, aunque aburrido, saca sonrisas. La capacidad de comunicar con claridad sigue siendo una habilidad indispensable a la hora de ascender en el mundo corporativo. En una sociedad saturada de información, entender lo que pasa, procesar la realidad y comunicar tus ideas es más difícil que hace un par de décadas. Si logras transformarte en un profesional que es capaz de argumentar sólidamente tus ideas y cuestionar con certeza otras opiniones, estarás en una inmejorable posición para ganar metros en la maratón corporativa.
La mejor forma de comunicar con claridad es saber lo que dices. Lee, lee y lee. Entrénate, busca información que te ayude a entender tu empresa y el entorno en que se mueve y preocúpate por descubrir los temas que preocupan a tus superiores.
Existen cursos para mejorar tu expresión oral y escrita. Si lo crees indispensable, tómalos. No es necesario que te conviertas en un orador o escritor experto. Recuerda que lo más importante para comunicar bien es conocer a fondo lo que quieres decir.
Algunos trucos:
Consejo final: es vital que consideres la audiencia. Ten claro quién leerá o escuchará tus propuestas, ya que eso te ayudará a elegir el lenguaje y las expresiones correctas (si muy técnico o muy formal). Si sabes, además, qué es lo que les gustaría escuchar, puedes enfocar tus soluciones hacia esos temas.
Ningún profesional que aspire a llegar a la cúspide de una empresa puede hacerlo si no entiende de finanzas. Aunque no te gusten, debes entender las variables económicas fundamentales del negocio: costos, estructura impositiva, riesgos financieros, flujo de caja, rotación de inventarios, y un etcétera larguísimo. En tiempos donde la reducción de costos es una constante, no cometas el error de olvidarte que la primera regla para un buen negocio es cuidar los costos. Y la única forma de hacerlo es entendiendo las finanzas de la empresa.
No es necesario que seas un experto: aprende a discutir con la gente de finanzas y utiliza su mismo lenguaje. Eso les hará confiar en ti y reforzará tus argumentos. Lee periódicos financieros (lo justo para saber qué está pasando en los mercados) y estudia con detención los estados financieros de tu empresa (sobre todo los informes semestrales o anuales, si los hay).
No tengas miedo de preguntar lo que no sabes. En esta área, preguntar evidenciará tu interés por entender el verdadero corazón de la empresa. En algunos países comienza a tomar fuerza la figura del “coach financiero”: un personaje que te ayuda a entender y familiarizarte con este mundo.
Consejo final: es muy difícil opinar correctamente sin estudiar. Existen cursos y manuales gratuitos por Internet y se han publicado muchos libros de “finanzas para no especialistas”. Si te es posible, asiste a cursos y seminarios. Muchos bancos o empresas de seguros, con cierta frecuencia, los realizan en forma gratuita.
Probablemente, tu tiempo y prestigio sean los activos más importantes que deberás administrar durante tu carrera. ¿Cómo cuidarlos y fortalecerlos? Estableciendo una agenda de trabajo, en la que definas tus objetivos profesionales y personales de corto y largo plazo.
Para hacerlo, responde las siguientes preguntas:
Las respuestas te ayudarán a definir prioridades y tiempos y, en paralelo, te permitirán mirar a tu alrededor (para identificar posibles competidores u otras empresas donde desarrollar tu talento).
El otro punto clave a la hora de definir una agenda, es aprender a administrar el tiempo. El argumento de fondo es sencillo: no puedes organizar el futuro si no controlas el presente. Por ello, es clave que aprendas a organizar tus actividades diarias.
Consejos para sacar provecho a tu tiempo:
Consejo final: no te comprometas con lo que no puedes cumplir o con lo que no es tu responsabilidad. ¿Cuántas veces has debido trabajar hasta muy tarde porque no quisiste decirle que no a un amigo? ¿Cuántas más te encontraste haciendo la tarea que le correspondía a otro? No puedes hacerlo todo; no debes hacerlo todo. Éste es el punto clave para controlar tu día a día. Si logras hacerlo, estarás en inmejorables condiciones para establecer una agenda de desarrollo profesional y personal de mediano y largo plazo.
Si te animas: entrena a más de uno. Lo importante es que busques a alguien que te permita delegar tareas ojalá cada vez más complejas. En la medida en que tú avances, él lo hará. Y viceversa. Además, te facilitará la vida cuando decidas postular a un nuevo proyecto o ascender en la estructura corporativa. Cualquier director general evitará el juego de las “sábanas cortas”: cuando te cubres la cara te destapas los pies. Si tienes un sucesor con reconocido talento, tus posibilidades de crecer aumentan. Y, como si fuera poco, puedes hacerte fama de “formador de talentos”.
Consejo final: no te transformes en víctima de tu propio éxito. Busca un N° 2 que ojalá sea mejor que tú y que tenga ganas reales de sucederte. Eso no sólo te estimulará intelectualmente, sino que te permitirá rodearte siempre del mejor talento disponible. Sólo exige una cosa: lealtad.
Hay un dicho común: quienes no dan resultados, ofrecen explicaciones. La moraleja es sencilla: lo más importante es llevar a buen término lo que te has comprometido a hacer. Ahora bien, el paso previo a la ejecución es la planificación. Para ello, debes ganarte la confianza de tus superiores. Y, en este punto, el mejor consejo es ofrecer propuestas, no peticiones.
¿La moraleja? Nunca inicies una presentación (sobre todo si vas a promover una idea tuya o piensas candidatearte para un cargo) diciendo qué necesitarías para tener éxito. Primero di lo que vas a lograr y cómo vas a hacerlo. Al final, sólo al final, presenta tus requerimientos. La estrategia aquí es ganar la atención del receptor a través de una oferta concreta: “yo puedo subir las ventas un 15%”, “sé cómo mejorar el proceso de automatización de la planta”, “encontré un camino para reducir costos de producción”.
Consejo final: si encuentras un área de oportunidad para la empresa, ofrécete para desarrollar el proyecto. Y si ves que hay un problema que puedes solucionar, ofrécete para arreglarlo. Esa proactividad te hará ganar fama y prestigio. El gran detalle es aprender a manejar el lenguaje: no te concentres en todo lo que necesitas (las “peticiones”), sino en qué puedes ofrecer. Un solucionador es mejor visto que un ejecutivo de “chequera fácil”.
Probablemente, esta gran lista de consejos pudo habértelas presentado, día a día o entre copa y copa, tu mentor, esa persona que te está entrenando como tú tendrás que hacerlo cuando seas el N° 1. Es difícil encontrar un mentor, pero, muchas veces, es más difícil aún aceptar que necesitas alguien que te guíe.
Existen empresas y profesionales independientes que ofrecen servicios de coaching personal. Han demostrado ser una herramienta útil para muchos profesionales, en todos los niveles jerárquicos y en industrias muy distintas.
Si esto no te convence y deseas seguir el camino “tradicional”, lo principal es buscar una aproximación natural con alguien en quien confíes y estés seguro que cuenta con la experiencia necesaria. Es difícil que sepas de todo y que puedas estar al tanto de todo. Un coach te ayudará, además, a obtener una visión razonablemente objetiva de tu desempeño y tu ubicación en la “realidad”.
Consejo final: no tienes que hacer todo lo que un mentor te diga, pero no olvides que estás buscando ayuda para obtener una visión nueva de las cosas y que confías en esa persona. Si no le crees, no pierdas tiempo con ella. El objetivo es potenciar tu desempeño y no necesariamente reforzar tus ideas. Ten apertura mental para recibir críticas y escuchar muchos “no”.
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