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Haz realidad tus sueños
miércoles, 05 de septiembre de 2007

Luis María Huete

Soñar es fácil, dice la sabiduría popular. Pero, ¿es tan difícil conseguir un sueño? ¿Existe algún método para hacer que los sueños se conviertan en realidad? Según el profesor del IESE Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario conocerse a uno mismo, pero también planificar y cultivar una serie de disciplicinas de autoliderazgo. En su libro "Construye tu sueño" repasa de forma práctica un conjunto de técnicas y conceptos para hacer que deseos y realidad estén cada vez más cerca.

Escuchar las voces interiores

La identificación de los propios sueños es un proceso intuitivo. El cerebro utiliza un sistema de alertas (emociones agradables y desagradables) para advertirnos de si el perfil de acontecimientos que se está desarrollando en este momento se corresponde con un patrón bueno (satisfacción) o con un patrón peligroso (insatisfacción). En cierta medida, estas emociones son alertas que sirven para actuar.

Según el autor, tenemos seis voces interiores, que nos piden una serie de cosas razonables. Son una guía para conocer nuestros sueños, pero su interpretación acertada no es obvia:

  1. Seguridad. Es el deseo a evitar lo que nos hace sufrir, de evitar las complicaciones. Escuchar esta voz significa desarrollar una sana seguridad en las posibilidades personales y en la creencia de que parte de vivir es hacer frente a las dificultades. Contra lo que pudiera parecer, esta voz no está pidiendo dinero. Si el dinero es la medida de tu seguridad, la gente va a pensar que trabajas para tu beneficio exclusivo y se va a poner a la defensiva.
  2. Variedad. Es la necesidad del cambio, sorpresa, reto o diversión. Interpretar bien esta voz significa ponerse retos, a no tener miedo y a hacer cada día más interesantes las tareas profesionales y personales.
    Aunque pueda parecer lo contrario, la seguridad y la variedad no están en conflicto, sino que se necesitan mutuamente. Tampoco hay que interpretar que esta segunda voz nos esté pidiendo carrera y poder. Las personas que van a por el puesto de otro para alimentar su ego, suelen dejarse en el proceso su credibilidad y autoridad moral.
  3. Singularidad. Es el deseo de destacar, de ser mejor que los demás. La mejor manera de interpretar esta voz es valorándose a uno mismo por lo que es, no por lo que tiene. Esto no significa necesariamente imagen pública y aspecto exterior, una actitud que puede llevar al lucimiento personal y a atribuirse méritos que pertenecen a los demás.
  4. Conexión. Es el deseo de compartir, de ser aceptado. Una buena interpretación es estar abierto a los demás fomentando el sentido de pertenencia. Sin embargo, la atención que otros puedan prestarnos no debería ser la medida de la valía de uno mismo, pues se perdería la naturalidad y quedaría al descubierto el carácter "interesado" del comportamiento y se pondría en evidencia la debilidad personal.
  5. Crecimiento personal. Es el deseo de ir a más, de progresar. La mejor interpretación es la mejora de la sabiduría, del conocimiento en lo profundo de lo que nos rodea.
  6. Contribución y progreso social. Es el deseo de hacer cosas que sean útiles y valiosas para otros. Las personas que han escuchado esta voz, han acabado recibiendo más de lo que dieron y se han instalado en un círculo sistémico de crecer, dar y recibir.

El juego de las voces interiores dura toda la vida y cuanto antes se aprenda a jugar, más satisfacciones reporta. "El aprendizaje es observable en las prioridades que se dan a las voces", afirma el autor, que también añade: "Es señal de aprendizaje prestar cada vez menos atención a las cuatro voces básicas y escuchar más las dos últimas".

El respeto a la lógica interna de las emociones y a las necesidades emocionales de las personas que tenemos cerca es una pieza importante en la construcción de los sueños.

Día a día y planificación de futuro

La construcción de un sueño se asienta sobre dos columnas: el sentimiento cotidiano y un proyecto personal de futuro.

En el día a a día se consigue una sensación de satisfacción cuando se desarrollan los recursos personales que permiten hacer bien determinadas actividades de forma efectiva. Por ejemplo, resolver conflictos o saber enfrentarse a las dificultades; disfrutar de las cosas buenas y no amargarse por nada; conectar afectivamente con los demás; saber mantener una cierta distancia con respecto a las cosas; saber recuperarse de las cosas que han salido mal...

En opinión del autor, "es bueno crear una cultura en la que las personas piensen que trabajan para sí mismas, ya que fomenta el sentimiento cotidiano de eficacia a través de la proactividad y de un sentimiento de responsabilidad personal".

Paralelo a ese sentido de eficacia cotidiana, la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro. Este plan se crea poniendo por escrito, releyendo mil veces y visionando con intensidad emocional una lista de deseos, de sueños muy concretos y con contornos muy nítidos. "Los sueños son nuestras posibilidades y los deseos aligeran el esfuerzo para conseguirlos", nos recuerda Huete.

Para Huete, el plan personal de futuro debe componerse de tres elementos bien diferenciados:

  1. Ambición personal. Los sueños relacionados con la "persona en la que me quiero convertir". El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida.
  2. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales.
  3. Las recompensas que legítimamente aspiramos a conseguir. Se incluyen recompensas materiales o de carácter más emocional.
    Las recompensas deben ser la consecuencia lógica de los logros en la mejora de los recursos personales y de los logros en contribuciones.

El libro propone siete pasos para dibujar un plan personal de sueños. Aunque se trata de un proceso totalmente racional, el autor recomienda "hacer el esfuerzo de bajarlo al subconsciente con repeticiones e intensidad emocional", para facilitar la movilización de recursos intelectuales.

Talento, conducta, relaciones y realización de los sueños

Además de una buena auscultación de las voces internas y de la elaboración de un plan personal, para llegar a hacer realidad los sueños es imprescindible controlar otros aspectos que influyen en nuestras vidas. El autor pone especial hincapie en el papel del talento, la personalidad y las relaciones personales.

El talento es el conjunto de conocimientos, competencias y actitudes y creencias con los que nos enfrentamos a la realidad cotidiana. "Cuanto más talento, más posibilidades de hacer de los retos de la vida una fuente de vivencia de gran interés. Pero el talento pierde valor con el tiempo. Una persona que no invierta en la mejora de sus talentos, es como una empresa que no amortiza", advierte Huete.

Pero el talento no lo es todo. El desarrollo personal, sinónimo de felicidad, depende en muy buena parte de la personalidad. El libro describe los rasgos psicológicos que determinan la personalidad y sus patologías, y propone estrategias para aprender a gestionar las dificultades y acercarnos a nuestros ideales. "El desarrollo de las capacidades internas permite hacer frente a mayores niveles de complejidad objetiva externa sin 'desajustarse'", afirma el autor.

Las relaciones también juegan un papel fundamental en el progreso profesional y personal, y por tanto, en la construcción de los sueños. Y es que las relaciones multiplican tanto lo que se disfruta como lo que se sufre. Para el profesor del IESE, existen tres niveles de relaciones a los que puede aspirar:

  1. La relación se mantiene puramente para recibir lo que uno desea. Estas relaciones fracasan continuamente.
  2. Relaciones recíprocas. Se crean equilibrios más o menos estables en función de que ambas partes sean razonables en la ecuación del canje. Si una parte se queda atrás, el equilibrio se rompe y la relación corre el riesgo de desaparecer.
  3. Una parte se compromete a servir las necesidades de la otra sin esperar necesariamente nada a cambio. El objetivo está en buscar oportunidades de hacer cosas valiosas por los demás. Las relaciones en este nivel, son las que producen una mayor satisfacción.

En opinión de Huete, construir una buena relación con la persona que ejerce como nuestro superior en el trabajo contribuye en mucho al logro de nuestros sueños. "Lo importante para gestionar una relación con tu jefe es aproximar las expectativas de ambos sobre las cuestiones clave", sentencia.

Además de estos conceptos, el libro dedica algunos capítulos a las disciplinas de autoliderazgo para la mejora de las relaciones, los peligros de conflicto que surgen entre las personas y los deterioros de la conducta que impiden la consecución de los sueños. Todos ello de forma didáctica y práctica a través de listados de autodiagnóstico, definiciones y diagramas, que hacen de este libro una auténtica guía para construir y conseguir los sueños.

Fuente: IESE Insight
http://insight.iese.edu/es/

 

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