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5 señales para identificar si eres un trabajólico Hoy, ver a una persona en un café con su laptop abierto y su celular en constante operación es bastante normal. Pero pregúntate lo siguiente: ¿Está trabajando agradablemente fuera de su oficina o es alguien que no es capaz de desconectarse de sus obligaciones ni siquiera para disfrutar un capuchino? En la era de los dispositivos móviles es cada vez más difícil distinguir entre un trabajólico y un profesional que está haciendo lo que básicamente se espera que haga.
“Es una adicción disfrazada”, dice Bryan Robinson, autor del libro “Encadenado al escritorio: Una guía para trabajólicos” (Chained to the Desk: A Guidebook for Workaholics, Their Partners and Children, and the Clinicians Who Treat Them). “Es muy común que las personas confundan los síntomas del ‘trabajo excesivo’ con ‘trabajo duro’”
Y esto no es así. Un trabajólico es adicto a su trabajo, le dedica una cantidad de horas excesivas (sin darse tiempo para sí, su familia o sus amigos) y, muchas veces, se pone muy ansioso cuando no puede hacerlo.
Cuando la devoción al trabajo se vuelve poco saludable, los efectos más comunes son fatiga, dolores de cabeza, dificultades para dormir, estrés y los daños asociados a este último desorden, como ataques al corazón y parálisis.
Si deseas analizar tu “salud laboral” o la de alguien cercano, aprende a leer estas cinco señales que delatan a un trabajólico.
El primer gran síntoma está en lo difícil que se hace para un adicto al trabajo dejar de hacerlo aún cuando está en su casa o en reuniones sociales. Es decir, no puede desconectarse de la oficina. Por ello, continuará trabajando desde su casa o cualquier otro lugar y revisará su Blackberry en la noche y los fines de semana.
En este punto, es común que comiencen a pensar tanto en sus obligaciones laborales que en algunas reuniones o con amigos comiencen a “desligarse de las conversaciones” para concentrar sus pensamientos en el trabajo. En algunos casos, las jornadas serán tan largas y absorbentes físicamente, que algunas personas dejan de ver a sus familia o, sencillamente, de socializar.
En el trabajo, esta actitud puede generar un resultado muy positivo (alta productividad en múltiples áreas o en labores muy complejas), lo que usualmente lleva a los trabajólicos a intentar dominar las conversaciones en una reunión social. Son dos las razones: casi no tienen otro tema de plática y adoran la sensación de ser reconocidos y tener poder.
Muchos trabajólicos son muy malos para delegar responsabilidades porque necesitan sentir que tienen el control de todo. Sicológicamente, se justifican la enorme cantidad de horas que dedican a su empleo convenciéndose de que sólo ellos pueden realizar bien las tareas que deberían delegar. Además, así se aseguran de que no existan otras personas que puedan competirles y amenacen su posición.
En palabras sencillas, un trabajólico privilegia su trabajo por encima de su familia y su vida personal. Es clásico que dejen de frecuentar amigos, eviten relaciones afectivas e, incluso, descuiden ciertos aspectos de su salud (no van al médico o no hacen ejercicio, por ejemplo). Los familiares de un trabajólico, por lo mismo, se sienten rechazados o ignorados, lo que contribuye a su aislamiento paulatino.
Algunos trabajólicos se las ingenian para llevar el trabajo a su vida personal, mezclando todo en un solo “mundo”. Por ejemplo, pueden convertir sus hobbies en un negocio. La razón: no ven ninguna diferencia entre trabajar y divertirse. Con sus amistades hacen lo mismo: ven en cada persona un proyecto empresarial en potencia. Es más, es frecuente que busquen cómo incorporar la familia al negocio, casándose con la secretaria o algún compañero de oficina.
Los trabajólicos, como otros adictos, usualmente tratan de esconder su padecimiento cuando son confrontados. Hace algunos años, un maletín lleno de papeles sobre la cama era un síntoma fácil de descubrir. Hoy, los celulares y PDAs son más cómodos de disimular y permiten tener “la oficina al alcance de la mano”. Esto pasa en la casa, vacaciones o cualquier lugar. Incluso, en el baño.
¿Cómo combinar la vida laboral y personal?
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