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Dos escenarios clásicos en una entrevista de trabajo Por más amena que te parezca una entrevista de trabajo, ten siempre en cuenta que tu interlocutor buscará obtener información valiosa sobre tus habilidades, valores y actitudes frente a muchos temas posibles. No sólo te preguntará sobre tu experiencia personal (que puede adivinarse por lo que dice tu CV), sino que profundizará en detalles que pueden sorprenderte. Por lo mismo, tus respuestas tienen que ser precisas, bien pensadas y reflejar claramente lo que eres y quieres.
Recuerda que debes prepararte para una entrevista de trabajo como si fueras a rendir un examen. No se trata de ir “a lo que sea”, sino de ir a ganar. Encuentra en este artículo los dos escenarios clásicos sobre los que puede girar tu entrevista de trabajo. Escribe tus respuestas, estúdialas y no te olvides de ser tú mismo.
En este punto, el entrevistador hablará sobre temas relacionados a tu persona: desde tu personalidad hasta tus hobbies. Su objetivo es identificar cuál es tu filosofía de vida y cómo ésta se adaptaría a la nueva empresa y cargo. Preguntas frecuentes y respuestas posibles:
¿Cómo defines tu personalidad?
Presenta respuestas concretas, resaltando rasgos positivos, pero sin que parezca una oda a tu persona. Si vas por un cargo de ventas, muéstrate extrovertido. Si tu labor será más bien de análisis, muéstrate metódico. Consejo clave: define bien si el cargo al que postulas requiere “habilidades sociales e interacción con otras personas”. En base a este análisis planifica tu respuesta. Siguiendo este caso, puedes responder: “Soy extrovertido, me gusta relacionarme con la gente y trabajar en equipo. Hago amigos con facilidad y busco siempre entregar lo mejor de mí. Me considero algo obstinado por alcanzar mis objetivos, pero trato que esto no afecte a mis compañeros de trabajo ni a mi familia”.
¿Cuáles son tus aspiraciones? ¿Cómo te ves en cinco años?
Es una pregunta clásica para la que tienes que prepararte con destreza. Lo más importante es que tu explicación sea coherente con la realidad de la empresa y el cargo al que postulas. Por ejemplo:
Puedes, también, destacar aspectos importantes de tu vida, como la familia, terminar tus estudios, consolidar una carrera profesional, entre otros aspectos. Exprésate con seguridad y ten muy claro que vas a decir y por qué elegiste esa respuesta. Una persona que puede proyectar su vida es capaz de construirla, paso a paso.
¿Cuáles son tus mayores cualidades y defectos?
Prepara una lista de 4 alternativas. Precisa por qué elegiste cada una: dos o tres ideas por cada alternativa bastan. El objetivo es evaluar qué es lo que más valoras en ti y si tienes la capacidad de autocriticarte.
¿Qué valores defiendes y consideras parte de tu vida?
Arma tu lista con “valores universales” y elije uno de ellos. Por ejemplo:
¿Cómo te has comportado en situaciones de crisis o emergencia?
No trates de mostrarte como un superhéroe. Lo importante es que destaque una situación muy concreta y des pistas sobre cómo saliste adelante. El entrevistador, más que valorar la solución al problema, busca evaluar tu coherencia para describir un escenario complejo y sus diversas posibilidades de salida.
¿Cuál ha sido tu mayor logro?
Ciertamente, es una respuesta muy personal. Para facilitar tu análisis, puedes hacerte la siguiente pregunta: ¿De qué te sientes orgulloso como persona? En general, tienes por lo menos cuatro áreas en las que moverte:
¿Cuál es mayor error que has cometido y cómo lo resolviste?
Aquí tampoco evaluarán cómo solucionaste un problema, sino cómo lo describes y cuál es tu posición al momento de realizar una autocrítica. Evita los “errores ganadores” (“luché tanto por ese proyecto que me enfermé”). Recuerda que la perfección es muy difícil y que la sinceridad siempre se agradece.
¿Qué crees que piensen los demás de ti?
Una buena cantidad de tests de reclutamiento se enfocan en este punto. ¿Por qué? Muchos psicólogos y expertos en recursos humanos piensan que la gran variable que determina el accionar de las personas es cómo se sienten evaluados por sus compañeros. Si un ejecutivo piensa que los demás creen que es inteligente, actuará con agudeza; si, por el contrario, imagina que lo ven como un inadaptado, tenderá a aislarse. Por ello, es recomendable que en la entrevista planees una visión positiva: “Creo que mis compañeros y superiores saben que soy una persona confiable, trabajadora y con ganas de salir adelante”.
Cuando los trabajos son eminentemente técnicos o requieren habilidades muy especializadas, es muy probable que el reclutador se detenga en temas relacionados a experiencia y conocimientos: estudios (revisando tus estudios formales y cada curso de perfeccionamiento), certificaciones, máquinas o software que puedes utilizar, niveles de destreza en ciertos temas, etc. El propósito es identificar qué tan apto eres, técnicamente, para tus futuras responsabilidades. Preguntas frecuentes y respuestas posibles:
¿Te sientes preparado para el puesto?
Si el entrevistador te explica con detalle las características y funciones del trabajo, seguramente te disparará esta pregunta para medir tu seguridad (sobre todo si el puesto es complejo e incluso peligroso). Sea cual sea el trabajo, responde sí. Luego puedes matizar tu posición, aludiendo a un buen trabajo en equipo, apoyo de la empresa o capacitación constante. Si no te sientes preparado, no tienes nada que hacer ahí.
¿Qué podrías aportar al puesto y a la empresa?
Prepara una respuesta que incluya dos dimensiones: personal y profesional. Es importante que expliques todo tu potencial como líder, compañero de trabajo y colaborador y, a la vez, dejes muy claro que tus competencias técnicas te harán cada vez un mejor trabajador. Hay expresiones clave: compromiso, experiencia, seriedad, innovación y creatividad, cuidado de cada detalle, pasión...
¿Qué es lo más importante que has aprendido en tus anteriores trabajos?
Aquí necesitas una respuesta que demuestre y confirme tus condiciones profesionales y técnicas. Responde con claridad y, si es posible, explica por qué eso que aprendiste te ayudará en tu nuevo cargo. Puedes hablar de experiencias “duras” (uso de software o maquinaria, procesos complejos, etc.) o “blandas” (liderazgo en ambientes de alta competencia, administración de personas y equipos multiculturales, etc.).
¿Qué es lo que más te gustaba de tu puesto? ¿Y lo que menos te agradaba?
Sé sincero en ambos casos. Al narrar las cosas positivas de tu anterior trabajo no olvides mencionar a tus compañeros y colegas y agradecer la oportunidad que te dieron para crecer profesionalmente (si fue el caso). Si no, concéntrate en experiencias técnicas. Pero lo más importante es que nunca hables mal de tus empleadores o jefes directos. Evítalo. Puedes decir que lo que menos te gustaba eran los “procesos poco eficientes” o la “falta de ganas para transformarse en una gran empresa”. Esa es una forma de potenciar tus ganas de seguir creciendo, sin caer en la crítica poco constructiva.
¿Cuáles fueron tus grandes logros en tu anterior trabajo?
El objetivo es ver el alcance de tus capacidades e identificar qué es realmente una victoria o un gran avance para ti. Si tu mayor logro fue sólo hacer bien tu trabajo, probablemente no estés preparado para grandes misiones. Si tus medallas van por el manejo de equipo, es posible que tus dotes de liderazgo puedan seguir creciendo.
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