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Hasta dónde valorar la opinión “del otro” sobre ti
sábado, 15 de noviembre de 2008

¿Cómo te sientes cuando alguien opina sobre ti? Eres de los que dicen ”No me importa lo que piensen de mí, soy como soy y punto”. O, por el contrario, ¿realmente te importa lo que opinan de ti? ¿Haces y dices las cosas para sentirte bien contigo o para demostrarle algo a los demás?

En las empresas siempre encontraremos a alguien a quien le importa mucho la opinión de sus jefes (y a veces de otros empleados), que casi vive en función de esas opiniones. También encontramos al que emite opiniones basado sólo en la opinión de los demás, en lugar de ver en su interior y buscar una opinión propia.

Aunque es normal que mostremos interés por la opinión que inspiramos en nuestros jefes (y en los demás). Si puede suponer un problema el necesitar la aprobación constante de los que nos rodean en la empresa.

¿Tienen en su empresa al típico empleado que emite una opinión y dependiendo de lo que opine el jefe entonces cambia su opinión en función de éste?...En todas las empresas existen…¿Por qué necesitan aprobación constante? Para ellos siempre es más fácil cambiar de opinión y ceder, o dar la razón a una cuestión que les desagrada, que enfrentarse a la desaprobación y el rechazo, sobretodo si se trata del jefe.

Como persona sociable, pienso que es imposible estar de acuerdo con todo el mundo. Por otro lado, no quiero que todo el mundo esté siempre de acuerdo conmigo. Digamos lo que digamos y pensemos como pensemos, al menos la mitad de los que nos rodean estará en contra de nuestra opinión, lo cual es normal e incluso lógico tomando en cuenta que cada uno ha recibido una formación (desde la infancia) con convicciones y valores distintos.

No obstante confieso que en mis inicios como empleado, me vi tentado a estar de acuerdo con opiniones contrarias a mis principios sólo por conseguir que “el otro” tuviera una buena opinión mía… Pero con pasar de los años comprendí que podía esperar la posibilidad de la crítica y comencé a aceptarla cuando dejé de interpretarla como una ofensa personal, simplemente me di cuenta que estar en desacuerdo con una opinión no significa un rechazo a la otra persona… Por esto, les dejo a continuación una serie de consejos del Dr. Wayne W. Dyer, el autor de “tus Zonas Erróneas” que me sirvieron de reflexión y aprendizaje para evitar caer en esta tentación:

Formula las objeciones con el sujeto "tú", declarando y comprendiendo siempre que la desaprobación le pertenece a tu interlocutor y no a ti. De esta forma evitas pensar con "yo", es decir, suponiéndote en la necesidad de defenderte y modificar tu opinión para lograr la aprobación de los demás.

Busca intencionadamente la desaprobación de los demás, tocando temas en que les sabes contrarios a ti. De esa forma te acostumbrarás a enfrentarte conscientemente a su falta de aprobación y ampliarás tu repertorio de recursos para superarlo sin necesidad de complacerlo a tu costa.

Ignora, simple y definitivamente, las muestras de desaprobación de los demás. Así te demostrarás que tu opinión acerca de ti mismo es más importante que la de los demás, y no te dejarás influir por ella.

Pregúntate si las cosas te irían mejor si todos estuvieran de acuerdo contigo. Piensa que lo que los demás opinen sólo tiene efecto sobre ti si tú permites que así sea.

Piensa que tu opinión puede ser acertada aunque no goce del consenso de todos, o de nadie más. Y piensa también que la opinión más extendida puede ser, lo ha hecho con frecuencia, la más equivocada. Así las cosas, ¿por qué discutir para convencer a nadie de lo acertado de tu opinión? Acostúmbrate a comprar sólo tu ropa y otros objetos, sin depender de la opinión de otros para garantizarte así su aprobación. Viste como te gusta, y que no te importe la opinión ajena.

No busques en la ratificación de otros un seguro para tu aprobación, con frases como: "¿no es cierto, Pedro?" o "pregúntaselo a Luis".

Fíjate en una conversación, en el tiempo que estás hablando tú y el que los demás acaparan la conversación. Lucha contigo mismo por no ser el que menos habla y por no hacerlo sólo cuando se solicita tu opinión. También puedes fijarte en cuántas veces te dejas interrumpir por los demás y cuántas veces cedes tú cuando hablas al mismo tiempo que otra persona.

Evita hablar siempre con preguntas, buscando de esa forma la aprobación al delegar en el otro la responsabilidad de la afirmación. No digas "Hace buen día, ¿verdad?" sino "¡qué buen día hace!".

 

En conclusión, la aprobación es una gran cosa, y es muy agradable sentirse aceptado. Nada tiene de malo pretender ser aceptado por la gente y de esa forma estar integrado en el grupo o la sociedad. El problema surge cuando este deseo se convierte en una necesidad, y no lograrla resulta doloroso. Vencer este problema resulta muy difícil porque es algo que nos ha sido inculcado desde nuestro mismo nacimiento.

Estos pequeños ejercicios pueden ayudarnos a empezar a vencerlo, pero sólo lo harán con la práctica. De nada sirve leerlo y estar de acuerdo. Su utilidad sólo será real cuando los apliquemos a nuestra vida cotidiana.

Fuente:
Senior Manager
http://multinationalcorp.blogspot.com/

 
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