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Un año sabático puede arreglar una carrera en apuros
sábado, 24 de mayo de 2008

Joann Lublin

Una mañana en 2005, Daniel H. Marcus se despertó en un cuarto de hotel completamente oscuro. El ejecutivo sabía que necesitaba ver a un cliente corporativo, el tercero en tres días de trabajo en tres ciudades lejanas, pero durante varios minutos no supo en dónde estaba o quién lo esperaba.

"Esto no es un buen presagio", pensó Marcus. Su lapso de memoria resultó una bendición. Con los constantes viajes y semanas de 60 horas que lo pusieron al borde del colapso por agotamiento, el socio de Mercer, una consultora de recursos humanos, decidió que necesitaba un sabático.

Marcus siguió un elaborado esquema de autosuperación y afiló su enfoque profesional durante un período de descanso de ocho meses, que terminó en noviembre de 2006. "Ahora soy un mejor consultor debido a que conseguí una perspectiva más equilibrada de mi trabajo", dice. El consultor de 51 años trabaja ahora unas 40 horas a la semana para Semler Brossy Consulting Group en Los Ángeles.

Un sabático puede fortalecer su carrera, especialmente si usa el descanso para adquirir nuevas habilidades y experiencia. Recesos prolongados permiten alcanzar metas personales como viajar, estudiar o hacer investigación. Una mirada a la experiencia de Marcus ofrece ejemplos útiles para seguir y errores que evitar.

Los sabáticos están captando más atención en Estados Unidos, de acuerdo con Dan Clements, que coescribió Escape 101: Sabbaticals Made Simple, una especie de manual de los sabáticos. Clements tomó cinco sabáticos en 15 años.

Expertos en sabáticos, en general, están viendo un incremento en la demanda por sus servicios. Un sabático exitoso requiere planeación. "Está tomando un riesgo valiente", dice Stefanie Smith, una asesora en Nueva York. "Tiene que asegurarse de que el resultado de ese riesgo valga la pena".

Marcus pasó meses preparándose para abandonar temporalmente su estresante empleo. Trabajar duro no era algo nuevo para él. En 2001, tenía acumuladas 25 semanas de vacaciones sin utilizar, cuando Mercer compró SCA Consulting, la pequeña empresa en la que trabajaba. Pero a Marcus no le gustaba el ambiente de gran corporación de Mercer. "El número de clientes que tenía que atender para 'cumplir las estadísticas' no me permitía estar tan involucrado como quería", explica.

Más ocupado, atendiendo a 22 compañías, redujo su régimen de ejercicio y subió la mitad de las 30 libras que había logrado bajar.

A finales de 2005, Marcus informó a sus colegas y clientes sobre su decisión de tomar un tiempo de descanso sin sueldo que empezaría el marzo siguiente. No estaba seguro de cuánto tiempo estaría fuera o si volvería. "¿Mi problema era con la consultoría o el lugar donde ejercía mi trabajo?", se preguntaba. "¿Cómo recupero esa pasión?"

Se sintió listo para renunciar a una profesión que había ejercido durante 26 años. Aunque no pudo olvidarla por completo; ocasionalmente asesoró a dos empresas durante su descanso. Marcus escribió el borrador de un "plan sabático". Era una página en la que describía cuatro estados ideales (calma, comodidad, capacidad de compartir y diversión) seguida de propósitos para su cuerpo, mente y alma. Las actividades iban desde dar clases o involucrarse en un nuevo negocio, hasta jugar póquer a nivel competitivo.

Para mejorar su cuerpo, Marcus pasó una semana en un spa mexicano. Allí aprendió a dibujar, hacer yoga y joyería. Luego, hizo ejercicio a diario y sacaba a su nuevo perro a caminar por la playa cerca de su casa. Perdió unos cinco kilos.

Profesionalmente, dio clases en la escuela de negocios de la Universidad de California, invirtió $125,000 en dos negocios jóvenes no rentables ("quise ponerme a mí mismo en situaciones incómodas e intentar nuevas cosas", dice), y jugó en la Serie Mundial de Póquer. Dice que el torneo de Las Vegas lo ayudó a darse cuenta de que debía enfocarse en lo que sabe hacer mejor, asesorar a juntas directivas. Asimismo, prometió trabajar sólo 30 horas semanales, dejando tiempo para dar clases.

Negoció su regreso a Mercer, donde aceptaron sus peticiones. Pero al poco tiempo se dio cuenta que había regresado muy pronto y en realidad lo que le convenía era trabajar en una empresa más pequeña.
En agosto pasado, llegó a Semler Brossy, una pequeña consultora. "Corregí mi error." Una firma pequeña "es donde debo estar".

 

Fuente:
The Wall Street Journal
www.wsj.com

 
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